Pequeña Margarita

Estruendo repentino. Viento abrumador. Lluvia tormentosa, angustia y agitación. ¿De donde vendría esta tormenta? El sol se acababa de ocultar y todo parecía estar en paz. ¿Donde empezó la tormenta que no la vi? ¿Por qué hoy? ¿Por qué a mi?

La pequeña margarita, joven, tierna y delicada, crecía saludable y cómoda a la sobra de un árbol Mancinella. Este, era un árbol venenoso, pero frondoso como ninguno, sus hojas brillaban y su altura se imponía en medio del jardín. Las cabras y los búfalos del campo no se le acercaban pues le temían. La pequeña margarita se reía de las penas que tenían que pasar las otras altas margaritas que estaban en el borde del rio. ¡Plantas tontas y feas! ¡Siempre escasas de pétalos! ¡No se como pueden cantar tan contentas!, les decía, porque ellas eran constantemente picoteadas por las aves, pisoteadas por los búfalos, y expuestas por largas horas al calor abrumador del sol. Las altas margaritas, en ocasiones, parecían sofocarse.

Sin embargo esta tarde de paz ahora se había convertido en una noche oscura y fría. Las pequeña y joven margarita, experimentaba por primera vez el viento furioso, las ramas de otras plantas la golpeaban, la lluvia abundante lastimaba sus delicados pétalos y ella se aferraba a si misma. Sus raíces aun eran jóvenes y ella sentía que no podría resistir más tiempo de pie. El árbol mancinella, que antes la protegía, ahora era su más grande temor. Ella temía que una de las frutas de este árbol cayera sobre ella y la intoxicara. Aun de pie, encontró una piedra preciosa y brillante a la cual aferrarse pero la lluvia era intensa y pronto sujetar la piedra era imposible. La piedra, así como brillante, era resbalosa, así que no pudo sujetarse más. La fuerza del viento debilitaba sus pequeños pétalos y comenzaba a perder su hermosura.

Angustiada miraba a quien clamar por ayuda. Su pequeño corazón se sentía desolado y sus sus ojos entristecidos derramaron una lagrima. A lo lejos pudo ver, que al borde del rio las altas margaritas la veían con preocupación y compasión. Ahora ella desearía ser una de las altas margaritas sin pétalos ni belleza con tal de poder estar junto al arbusto de margaritas que se protegían unas a otras al borde del rio. Ellas se abrazaban, abrigaban y enredaban entre si. Hacían un nudo solido y esperaban la crecida del rio para que las cubra y así ya no tengan que sufrir la tormenta.

Pronto la pequeña y delicada margarita, se encontró sola. El rio había crecido, las altas margaritas se habían escondido de la tormenta en el rio que cubrió el tallo de todas ellas. El poder de la tormenta creció, y esta vez rayos y truenos asolaban el territorio de la pequeña margarita. Ella estiró sus pequeños pétalos lo más que pudo, se dejo caer, y cuando sentía que no podía más, encontró una raíz pequeña que brotaba del árbol mancinella. Se aferro a esa pequeña raíz con todas sus fuerzas, algunas hojas del árbol mancinella caían sobre ella, esto a veces le daba consuelo porque la protegían, pero otras veces la golpeaban muy fuerte.

La pequeña margarita sentía que no soportaría un minuto más, sus fuerzas se estaban terminando y en ese preciso momento vio una sombra grande, la más grande que jamas había visto, era un búfalo asustado… solitario…cansado. El búfalo, angustiado y confundido se dejo caer. La margarita veía al Búfalo caer y pensaba que no podía soportar la angustia que le causaba la tormenta y mucho menos el ser aplastada por un búfalo tan grande. Pero un relámpago asusto al Búfalo y él repentinamente estiró una de sus musculosas patas y se sostuvo. A ciegas, en medio de la monumental tormenta, el Búfalo mugía y golpeaba todo a su paso mientras corría en círculos. Un solo pisotón del búfalo podría lastimar fatalmente a la pequeña margarita que ya estaba muy agotada, sujetándose débilmente de la raíz del árbol mancinella, con su ultimo pétalo. Su seguridad era la raíz del árbol mancinella y su mayor deseo era que el búfalo se detuviera y se aleje de ella.

Cansada y sin fuerzas la margarita se dio por vencida y pensó, “He luchado todo lo que he podido, he perdido mi belleza y mi vigor, ya no tengo esperanza, solo puedo aferrarme a esta raíz.”Aun estaba hablando la pequeña margarita cuando el Búfalo, que esta vez corría con mayor ferocidad impacto el árbol mancinella con tal vehemencia que levanto la raíz. La margarita se soltó rápidamente de la raíz y ahora no podía pensar en una situación peor. El Búfalo cayo debilitado, el viento aumentaba su fuerza y la lluvia golpeaba tempestuosa al árbol mancinella que parecía caer. Los días pasados, de sombra y calor, sin la incomodidad de las aves, las cabras, ni los búfalos eran ahora solo recuerdos del pasado llenos de melancolía.

De pronto, la tormenta se detuvo. El árbol mancinella yacía inclinado y a punto de caer. Las nubes oscuras se fueron, el cielo resplandecía con un sol resplandeciente, el rio descendió y la moribunda y pequeña margarita miraba a las altas margaritas que se ayudaban unas a otras y recibían la Luz del sol que resplandecía en el rio. El árbol mancinella aun hacia sombra a la pequeña margarita que miraba con admiración y contento a las altas margaritas. Allí estaban, nada especiales, altas en extremo, maltrechas y fatigadas… pero unidas.

Ella estaba sola, y ahora la sombra no la alegraba más. Las margaritas grandes la vieron y le suplicaron gritando: “¡Acércate a la luz! ¡Acércate a la luz y vivirás!” La moribunda y pequeña margarita no podia alcanzar la luz del sol por más que trataba y cuando se supo incapaz se rindió y cayo postrada. Inmediatamente un viento recio del norte azoto con fuerza el árbol mancinella que no pudo resistir y cayó tan fuerte que despertó al Búfalo que yacía recostado. La pequeña margarita se alegró al ver la luz del sol y observo a lo lejos que todas las altas margaritas celebraban y hacían fiesta junto a las corrientes de agua. Aun moribunda y casi cubierta de lodo la pequeña margarita solo miraba al sol y sonreía. El búfalo se acerco a ella y sediento comenzó a beber el agua que reposaba bruscamente sobre la pequeña margarita y así quitó el lodo que la cubría. La pequeña margarita agradeció la ayuda del búfalo con una sonrisa marchita y finalmente tomo una siesta expuesta a la luz del sol que abrigó y consoló a su corazón cansado.

Horas después el cántico de unas aves despertó a la joven margarita, fue la primera vez que escuchó tales canciones de adoración tan de cerca. Estas aves ahora se acercaban a ella, ya que el árbol mancinella había sido derrumbado. Al pasar los días, nuevas margaritas crecieron al lado de la pequeña margarita. Las aves, animales y mariposas venían constantemente a visitarla y ella les contaba la historia de como paso de muerte a vida cuando en la peor de las tormentas finalmente vio la luz.

Martín Manchego

 

Photo by Matt Hoffman on Unsplash

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